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EL LITIGIO ANTE LA JUDICATURA  (Opinión)

 

Por: Freddy Arturo Guerra Garzón

Juez Noveno Civil Municipal de Armenia Quindío.

 

 

Con las siguientes líneas deseo enunciar algunos ejemplos simples, referidos al acontecer diario ante un estrado judicial, con el objeto de resaltar la relevancia que puede tener o no, el hecho de conocer y sentir el litigio, previo a ser administrador judicial,  enfatizando las ventajas de haber estado en el otro lado de la baranda, para luego tomar decisiones practicas, en derecho desde luego, a fin de brindar el servicio eficaz y oportuno requerido por todo usuario de la administración de justicia.

 

No obstante, debo aclarar, por un lado, que no siempre los seres humanos ponemos al servicio y practica nuestras experiencias, y por otro, sin lugar a equívocos, existe un sin número de profesionales que del aula del pregrado pasaron directamente a administrar justicia, y no por ello se les puede desconocer su alta calidad, capacidad y vocación para tomar decisiones  adecuadas.

 

Hecha la anterior salvedad, y entrando al objeto inicialmente planteado, trasladémonos mentalmente a nuestros primeros años de estudio en la facultad de derecho, antes de obtener el título de abogado respectivo, y recordemos que para aquella época, la gran mayoría de nosotros estábamos ansiosos de  conocimientos y sobre todo teníamos la firme idea de ser en un futuro, profesionales independientes dado que el estudio escogido refiere  a una de tantas profesiones denominadas “liberales”; en ese orden, pensábamos aplicar nuestros estudios frente a los estrados judiciales, actuando como verdaderos abogados en pro de una causa ajena, pero con la convicción de hacerlo con la mayor ética y profesionalismo del caso.

 

Pues bien, quienes hemos tenido el gusto de realizar aquel primer sueño, de ejercer esta bella y noble carrera ante los diferentes despachos,  en cualquiera de las áreas del derecho (laboral, penal, administrativo, familia, civil, etc.), siempre debemos estar agradecidos por haber participado en un debate procesal, como vencedores y otras ocasiones, desde luego, como vencidos en derecho, porque con ello, hemos edificado bases jurídicas que a la postre son las que enriquecen la experiencia que se adquiere a través de los años, considerando, desde mi punto de vista, que de las derrotas jurídicas hay mayor grado de aprendizaje.

 

Quienes diariamente trabajan ejerciendo la abogacía, no solamente para sentirse realizados con su profesión, sino en la gran mayoría de casos teniendo ésta como forma de subsistir y suplir necesidades básicas, anhelan ante todo celeridad del trámite judicial requerido; atendiendo esto último, se hace necesario, al momento de realizar las labores de administrar justicia, ubicarnos en los zapatos del litigante, y proceder con prontitud a atender sus súplicas.

 

Considero que en algunas ocasiones por falta de organización y control, los despachos judiciales dejamos de resolver asuntos elementales que en la práctica no ameritan mayor complejidad. Ejemplo: no existe derecho alguno para dilatar la firma y entrega de un titulo judicial, como quiera que muy probablemente, el interesado del mismo está dependiendo de estos recursos, no solo para rendir las cuentas del caso a su mandante, sino para solicitar el recaudo de unos justos honorarios; otro ejemplo práctico puede ser, la solicitud informal de expedición de copia de alguna pieza procesal y/o proveído judicial, no se justifica la presencia de todo un ritual para acceder a dicha petición, máxime cuando el interesado se encuentra de paso por la localidad.

 

Permítanme traer a colación la siguiente anécdota, que describe otro de estos ejemplos: Alguna vez siendo litigante, estando reunido con varios colegas en la oficina de uno de ellos, nos cuestionábamos ¿Cuál debe ser el término para que un despacho judicial emita una orden de pago?, este interrogante se planteaba, porque  alguno de nosotros, llevaba más de un mes esperando que un despacho X, librara mandamiento de pago dentro de un proceso coactivo con titulo ejecutivo no muy complejo; después de los comentarios del caso, concluíamos que el termino no podía ser más de 10 días, esto de conformidad con el artículo 124 del Código de  Procedimiento Civil, considerando el lapso judicial enunciado legalmente para emitir un auto interlocutorio.

 

Ahora bien, con el objeto de rescatar lo positivo de lo exteriorizado anteriormente, debo expresar que, he podido verificar siendo ya operador judicial, que dicha conclusión, en efecto en la práctica puede ser viable, en la medida que preparemos en el despacho un equipo de trabajo con la capacidad de realizar una dirección temprana de la demanda puesta a nuestra consideración. Es decir, después de que se cuente con personal con amplio sentido de pertenencia, dispuesto al aprendizaje, no es descabellado orientarlos para que puedan proyectar un auto de esta naturaleza, para luego en el tiempo requerido hacer la verificación del asunto y cumplir con el término señalado. Afirmo la deducción anterior, para que sea tomada con beneficio de inventario, porque en un momento determinado puede darse la presencia de otros pormenores que obstaculicen el cumplimiento de términos judiciales, sin embargo, el objetivo debe ser siempre, evacuar en el menor tiempo posible los pronunciamientos del caso.

 

Los Funcionarios debemos tener en cuenta, que los litigantes son de alguna manera por así decirlo, los críticos más acertados frente a la organización y rendimiento de un juzgado, y ello porque directamente perciben el servicio malo, regular, bueno o excelente del mismo, de tal suerte, que reconocen con gran facilidad, cuáles son las falencias más notorias de cada despacho, consideran de primera mano, aspectos tales como: la atención al público (imagen del ambiente laboral), la prontitud al resolver memoriales, la correcta aplicación  normativa fundamento de la decisión, manejo de términos judiciales entre otros. Desafortunadamente, estos actores no son tomados en cuenta al momento de calificar formalmente la calidad, eficacia y rendimiento de un despacho judicial. Desde luego, en una eventual participación, esta debe ser reglamentada, de tal forma que los resultados se obtengan de manera objetiva.

 

Cuando se litiga se pone en práctica la habilidad de argumentar, la técnica de accionar, y a la vez, se está atento a la respuesta jurídica del contrincante, y a las razones de derecho que emita el juzgador, sea cual fuere la tesis considerada en la decisión esbozada; por ende, el litigante, además de tener el conocimiento, adquiere con el ejercicio de la profesión el perfeccionamiento de la comunicación implícita en sus memoriales, es decir, modera su lenguaje dependiendo del receptor, ello porque aprende a enunciar el enfoque jurídico de su tesis tratando siempre de convencer aportando el suficiente soporte legal.

 

Opino lo anterior, aclarando que la posición al inicio del litigio no siempre es la misma, como quiera que el “enfoque Jurídico” no es innato, este se adquiere después de varios combates jurídicos; de tal manera, que al encontrarnos como operadores judiciales con memoriales abiertamente desenfocados, por no decir desacertados, no debe el juzgador, atendiendo el debido respeto para con los profesionales litigantes, desestimar la calidad del abogado, sino por el contrario, dar una respuesta inmersa en la decisión, indicando la inconsistencia de lo pedido y en lo posible aclarando cual debe ser el camino correcto de lo que se pretende, en otras palabras, el auto puede tener un contenido académico. Por experiencia propia, he observado que casi siempre el profesional recién graduado presenta esta clase de inconvenientes, y ello es apenas comprensible y natural, dado que en las aulas no nos enseñan los pormenores del litigio, y a la vez, reitero, el criterio jurídico se adquiere a través de los años.

 

Amigos lectores se que ustedes conocen otro tipo de experiencias de nuestra profesión,  que en igual forma contribuyen al mejoramiento de la función pública de administrar justicia, por ello los invito a que dichas vivencias sean aplicadas en forma constructiva, teniendo siempre como consigna la visión y misión del poder judicial. Finalizo este escrito, resaltando el trabajo y la vasta experiencia, de aquellos jueces y juezas, que durante toda su trayectoria laboral, han hecho carrera desde el cargo de citadurìa en adelante. Para ellos y ellas, un fuerte abrazo de admiración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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